Es extraño, pero me propongo relatar mi propia muerte, y al contrario de Augusto Pérez, personaje de la novela o nivola “Niebla” del grandioso Miguel de Unamuno, no podré revelarme ante el autor, que en este caso soy yo mismo.
Lo anterior por consejos asertivos y precisos de un querido amigo escritor, Sergio Valencia firma, que es también ficción dentro de la personalidad de otro, como yo y como absolutamente todos ustedes.
Pero esto no se trata de caretas, pseudónimos ni alias, sino más bien de muerte o más preciso aún, del extraño fenómeno, con algunos casos documentados, de personas que deciden morir y simplemente le ponen fecha, se preparan, y cuando se cumple el día y hora señalada, ésta llega y nos lleva de este mundo.
Las consecuencias éticas de lo que haré se las dejo a ustedes, queridos lectores, y al tal Valencia, que muy amigo mío será, pero que a la larga me llevó a este trance del cual no salgo por ningún motivo, ya que está decidido.
Y para estos fines tengo todo preparado.
Hoy al mediodía falleceré voluntariamente en mi escritorio de la oficina. Por eso mismo ya dejé todos los cabos atados, las deudas canceladas, repartí bendiciones, besos y abrazos a todos los que quiero.
Hice mis últimas compras y también cumplí gustos que en otras circunstancias no habría realizado. (No los mencionaré por respeto a mí mismo y a ustedes).
Y una última cosa que haré antes de emprender la eterna retirada, será esta mañana decirle a mi esposa que la amo más de lo que imagina, y besarla suavemente para que no le duela tanto la trágica noticia que como a la una de esta tarde le estarán dando.
Además hoy saldré con los calcetines y los calzoncillos bien limpios, ya que de seguro me practicarán una autopsia y no quisiera que mi cuerpo inerte pasara una vergüenza.
A ustedes queridos y pacientes lectores de los martes, les agradezco y les aprovecho de decir que no abriguen tantas esperanzas en torno a mi retirada, ya que en la ficción de mi vida todo es posible y tal vez sea el Mesías que tanto esperan algunos, y resucite al tercer día, es decir este viernes, y de repente así alcanzo a comprar regalos y puedo pasar otra Navidad en familia.
Uno nunca sabe. Adiós.
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