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La Coctelera

Julio Satarsa

15 Octubre 2006

Viajar

Una vez me pidieron que hiciera un gesto elevado, una señal que entendiéramos solo dos. Tuve mis resquemores, por mi familia y los recuerdos ácidos y emocionantes de una época ya tan lejana. Pero lo hice igual.
Me monté sobre un árbol y grité a todo pulmón cosas incoherentes a los transeúntes más abajo, me oriné en los pantalones y tuvo que acudir una ambulancia para sacarme de aquel extraño estado.
Pero no sentí miedo.
Fue como aquella vez en que soñé con una negra (de raza), con aspecto horrible y rostro desfigurado, que me invitó a comer unos membrillos pequeños, del tamaño de una mandarina. Me decía que era de una secta satánica, mientras yo comía los membrillos deliciosos y no sentía temor.
O cuando me arrojé de la ventana del séptimo piso de la oficina, ante la mirada impenetrable de mis compañeros de trabajo, y al caer desperté sudado y sonriendo, porque siempre supe que era un sueño.
Ahora, si es que existe realmente ese estado temporal, recostado sobre esta cama blanca y observando los barrotes en las ventanas, me doy cuenta que esta historia acabó mal, porque tengo que tomarme tres pastillas al día y aún no logran saber con certeza qué tipo de padecimiento mental tengo.
Mi familia me visita y son las únicas ocasiones que tengo para salir de la habitación. Me miran como a un loco, lo sé, lo percibo en sus ojos, en los de mi esposa principalmente. Siento que me temen y no puedo articular palabras para decirles que los amo. Ni siquiera puedo llorar.
Creo que me he secado por dentro.
Y solo observo a mi alrededor las paredes blancas, y pongo atención a los repentinos bramidos que profieren los locos desde el patio durante la tarde, porque no tengo más que hacer y ellos pueden circular bajo el sol y aplacar sus intenciones grandiosas con calor y sedantes.
Solo puedo esperar que esto que está pasando sea una pesadilla y no la realidad, pero por más que intento despertar, todo parece muy concreto y real y hasta las sombras actúan como siempre, es decir, silenciosas y preocupadas quién sabe de qué.

servido por satarsa 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

raul

raul dijo

interesante forma de graficar algo tan a veces inexplicable como lo son los sueños en donde la locura de imagenes y pensamientos no podrias ni siquiera dibujarlas en un papel.

bien julito admiro tu creatividad

15 Octubre 2006 | 11:50 PM

Eugenio Zapata

Eugenio Zapata dijo

los sueños son cumplimientos de deseos, una mezcla de restos diurnos, que es los vivido durante el dia y quizas momentos no descargados de energia que desaste,que pasaron a ser inconcientes, y desde ahi podria decir que tu relato me parece bastante interesante, ya que, la tematica tomada me hace alusion a lo dificil que es vivir la realidad de una manera concreta, es mas, la insertidumbre de no saber si estamos vivos, muertos, despiertos, dormidos, o simplemente dibagando en lo desconocido de nuestro ser.

Eugenio Zapata.

19 Octubre 2006 | 08:28 PM

sergio valencia

sergio valencia dijo

Desde mi pequeña tribuna solapada, puedo comentar que si hay algo que recorre estos textos y, que creo maneja bien es la narración de situaciones absurdas, este personaje tiene harta substancia, los textos están bien narrados. Pero he aquí lo peligroso de narrar las peripecias de un personaje como este, y es que se agota un poco, sobretodo en las reflexiones existencialistas y monólogos internos, que al leerlos como un continuo se repiten e incluso terminan rozando la cursilería. Creo que el texto de los calcetines colorinches o viaje se escapan de esto un poco. El problema de lo anterior es que termina convirtiendo a satarsa en un personaje demasiado víctima y, los llorones, (mi humilde opinión) terminan por latear. Pondría a julio en situaciones más irreflexivas, haciéndolo sentir otras cosas aparte de la lata, la abulia. Eso, darle otros giros, no sé que más agregar por ahora.

saludos

24 Octubre 2006 | 02:30 AM

raul

raul dijo

el inicio de mejores tiempos

la muerte de pinochet sin duda cierra una etapa y ojala inicie otras de verdadero desarrollo pero las cosas son como son, estan en los libros de historia y las dictaduras de un lado o del otro son nefastas. son en difinitiva peor que una guerra, es un oxido que deteriora y demora la mejoria.
los dictadores se equivocan, pese a tener todo a favor para construir paises desarrollados, pero no lo hacen porque esta claro que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.
chile no escapo a eso y las vidas de personas inocentes de ambos lados no puede dejar contento a nadie, sumado a la corrupcion, , un milagro economico relativo solo para algunos grandes que comprendo esten agradecidos,
es el resultado de una etapa negra que ojala no vuelva.
las generaciones adultas deben heredarnos un pais mejor y darle paso a los nuevos ciudadanos.

12 Diciembre 2006 | 10:11 PM

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Sobre mí

Julio Satarsa es un empleado público que vive en la capital de Chile, Santiago, un decepcionado de la vida y las cosas, de la sociedad principalmente. Tiene su hogar bien formado, esposa y tres hijos, dos mujeres y un hombre. Satarsa es un hombre triste por naturaleza y se conforma con ver la vida pasar, intentando al máximo atesorar esas pequeñas cosas que componen el día a día, que considera las más valiosas y perdurables.

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