La compra
Las nubes corren por el cielo y más abajo, en las veredas, la brisa transporta el seco polvo del verano inminente. La tristeza se apodera de cada cosa que observo, de cada diminuto rayo de sol traspasando el follaje, los cables eléctricos, la vida.
Son las tres de la tarde y la calle está desierta. Ni un transeúnte o automóvil. Solo el amargo sabor del recuerdo en la memoria, el sonido inútil de mis pasos sin destino.
En mi casa hay festejos y asado. Yo no podía mantener más la sonrisa pétrea y me ofrecí para ir por más cervezas.
En la botillería la vieja dormita sobre el mostrador, y el polvo sigue arremolinándose por las esquinas. Le pido cuatro Escudos y me pregunta por los envases. Los he olvidado. Le digo que le dejaré el depósito por estos, 250 pesos cada uno, lo encuentro una estafa, luca por cuatro botellas vacías que jamás llevaré de vuelta al negocio aquel, pues sé ya que la boleta la arrojaré por ahí sin siquiera pensar que la necesito para recuperar el dinero obligatoriamente retenido.
Pago. La vieja es una autómata que abre el cajón, saca las monedas del vuelto, en la parte posterior de la boleta amarilla escribe 250 x 4 y le pone su firma, me la extiende, le sonrío estúpidamente y ella se queda inmóvil, sin nada en su rostro ajado, me encojo de hombros y emprendo el regreso, vuelvo sobre mis pasos calcinados de sol y polvo, la brisa enjuga algunas lágrimas que se han escapado de mis ojos involuntariamente.
Ya cerca de mi casa observo la puerta de entrada y no me atrevo a traspasarla. No es que sienta temor. Tengo un nudo en el estómago y otro aún más doloroso en la garganta.
Contengo el aire unos segundos con los ojos fuertemente cerrados, aguzo el oído y la brisa que seca mis tristezas trae las risas de mis hijos.
He olvidado la llave y golpeo tres veces en mi propia casa. Nadie me oye, pues están todos en el patio. Me siento en la entrada, destapo una de las botellas y bebo un largo sorbo que abre todas las vías fuertemente cerradas por el dolor y la incapacidad para comprender el porqué de las cosas y de este mundo.

raul dijo
me sorprende la rapidez en tus escritos y me agrada descubrir lugares comunes.
la soledad y las formas extremas que puede adoptar nuestras vidas la mayoria de las veces las tratamos de esconder quizas estupidamente porque creo que en errar vienen los triunfos.
quizas son etapas, quizas visiones distintas pero pienso sin dudar que el crear nos hace mejor.
9 Octubre 2006 | 11:30 PM