Escuché estos días que la vida era una mierda. Tal vez los que sostengan esto tengan su cierta dosis de razón, de pronto la vida los ha golpeado fuerte y entre las piernas…
No lo sé, pero en primavera todos entendemos que los suicidios y las alergias se incrementan: ahí puede estar la razón de tan decepcionado diagnóstico. Algo en el ambiente que se va introduciendo en los poros, que nos va acongojando en esta época de renacimiento. Es extraño que justamente en la estación de la vida, en el momento en que la naturaleza recobra sus fuerzas y todo comienza un nuevo ciclo, algunos opten por el mutismo, la muerte, la decepción.
Pienso que la decepción es parte importante de todos nosotros, pero que inventamos formas de obviarla para hacer más llevadera la vida.
Así, y a pesar de que la sentencia de que “la vida es una mierda” sea muy válida, quisiera decir que desde la decepción y la soledad, de la tristeza y la terrible certeza de vacío que de vez en cuando nos asalta, debe surgir algo distinto, no quisiera decir positivo o bueno, pues son nociones tan subjetivas que no valen la pena profundizar, pero sí sucede que de un estado lacónico y decepcionante, surge una visión que nos muestra el otro lado de los hechos.
Hay que estar atentos, hay que esforzarse por afinar el oído, aguzar la vista, intentar capturar por todos los medios lo presente, dejar que los recuerdos descansen y sirvan de evocación cuando el dolor ya sea pasado, para así conseguir algo de tranquilidad, un poco de bienestar o su sensación indescriptible.
Tal vez dejarse llevar, tal vez no hacer nada ante el río de la vida que nos arrastra hacia un océano desconocido, que bien puede estar en calma como crispado…