Texto de un amigo para Satarsa y su gran pena
Alma, no me digas nada,
que para tu voz dormida
ya está mi puerta cerrada.
Una lámpara encendida
esperó toda la vida
tu llegada.
Los fríos de la Otoñada
penetraron por la herida
de la ventana entornada.
Mi lámpara encendida
dio una inmensa llamarada.
Hoy la hallarás extinguida…
Alma, no me digas nada,
que para tu voz dormida
ya está mi puerta cerrada.
Juan Guzmán Cruchaga tituló “Canción” a estos versos, que ya son clásicos de la lírica chilena.
Este pequeño y gran poema bien pudo haberse llamado “Nada es para siempre”. Es lo que pensamos cuando la vida nos hace experimentar en carne propia, su carácter cíclico que a veces no comprendemos.
Pareciera que los seres humanos tenemos la tendencia a aferrarnos a lo que nos es placentero y que a diario tenemos. Nos cuesta pensar que, en la vida, todo pasa.
Y no siempre estamos preparados para enfrentar los designios de nuestra existencia, aquellas circunstancias que no manejamos. Aquello que comúnmente llamamos “el destino”.
Entonces, viene la melancolía, la tristeza, esa intensa sensación que nos hace difícil enfrentar la nueva realidad.
Cuando a veces me pregunto ¿cuál es el sentido de la vida?, viene a mi mente lo que decía Ortega y Gasset: “la vida consiste en absorber las circunstancias” y generalmente esas circunstancias son las que no manejamos, ni tampoco prevemos y que a veces ni siquiera queremos aceptar.
Y cuando hemos perdido algo, la presencia física de un ser querido, incluso una situación material que nos era preciada, surge la melancolía. Es en esos momentos, donde el ser humano suele revelarse e incluso hasta cuestionar su destino.
Los más grandes artistas, especialmente los poetas, escribieron sus máximas creaciones en momentos de tristeza, de carencias afectivas. Un poeta chino del Siglo XVI dijo: “está bien que la melancolía y la tristeza, sobrevuelen por tu mente, pero no permitas que hagan un nido allí”.

René Polanco dijo
"Pareciera que los seres humanos tenemos la tendencia a aferrarnos a lo que nos es placentero y que a diario tenemos"
Esa tendencia es la que me inhibe parte de mi melancólico sueño.
Es algo que no controlamos. De hecho siempre me pregunto si será posible conducirlo a algo mejor, al menos.
Julio Satarsa tu amigo René entiende tu situación de delirio. No lo he vivido, parece que lo viviré.
Así como anunció que lo viviré, imagínate el dolor que siento, al saber lo que pasará.
Ojala que no pronto.
René Polanco
21 Septiembre 2006 | 11:17 PM