Absurdo
Iba en la micro y de pronto miré mis calcetines. Uno rojo y otro fucsia, los de mi hija, la más chica, que va en octavo básico y cree haber descubierto el mundo. Pobrecita, qué irá a pensar cuando se entere que su padre salió rumbo a la vida oficial con los calcetines más colorinches que ella tiene. Y más encima cambiados.
De pronto veo que a mi lado un estudiante de media se ha percatado de lo de los calcetines y se lo comenta a su partner, ambos se ríen solapadamente y yo los miro y les lanzo una calurosa carcajada para que no se sientan incómodos. Al ver mi reacción se sienten felices, me miran asombrados y creo que deben pensar que soy un viejo buena onda.
Entonces y con el alboroto que llevamos los tres, una anciana de adelante se voltea y me ve los calcetines.
Afuera llueve y la micro parece un sauna.
La anciana esboza una sonrisa y yo la animo con otra a que manifieste su alegría. Estoy extrañamente feliz y no sé por qué, es absurdo que solo por los calcetines se genere espontáneamente esta situación hilarante.
Pero no hay más remedio que seguir siendo el payaso de la micro, así que tomo una determinación drástica, o como diría el gobierno, de vital importancia.
Me arremango los pantalones hasta las rodillas. Veo mis pernas blancas cubiertas por esos horribles colores. Los muchachos y la anciana me miran asombrados. Intuyen lo que voy a hacer.
Falta una cuadra para la esquina donde me bajo.
Me pongo de pie mientras la anciana y los estudiantes estallan en una carcajada al unísono. El resto de los pasajeros ya no disimula para observarme, mientras mantengo con dificultad un rostro serio. Me bajo por delante de la micro y hasta el chofer ríe y se queda unos segundo observado mientras desciendo.
Afuera todo está plomo otra vez y Santiago respira profundamente sus desechos que ya han llegado hasta el pavimento.
Yo decido dejarme los pantalones arremangados y así, emprendo el mismo camino que hago año tras año hasta mi oficina de empleado público.

René Polanco dijo
Y para qué ahogarse en un vaso de agua, solo por algunas semanas? Si tienes una eternidad completa para morir tranquilo.
No te desesperes.
Ahógate, pero no por mucho tiempo.
No te lo mereces.
René Polanco
21 Septiembre 2006 | 12:03 AM