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La Coctelera

Julio Satarsa

Categoría: Monólogos

17 Octubre 2006

Horizonte

Estoy frente al mar. La bruma y su frescor me azotan el rostro, respiro profundamente la salinidad del aire, sostengo entre mis manos húmedas la caña de pescar, acciono el carrete inconscientemente, mientras divago y recorro recuerdos extraños, casi ajenos a mi vida imperceptible.
Son las seis y media de la mañana y el gris de un nuevo días es un signo de esperanza. Nunca sabré el porqué de esta sensación al amanecer. Tal vez su símbolo de vida me contagie de algo poco habitual en mis sucios días de oficinista en Santiago.
El sedal entra en la bobina del carrete y salpica agua sobre mis manos, heladas y mecánicas, que son también parte del engranaje de la maquinaria que opera a la perfección y trae de vuelta el señuelo zigzagueante y profundo.
En este estado silencioso y meditativo muchas cosas vuelan por las mentes de todos los que en el mundo nos encontramos parados en el borde costero, simulando que pescamos y que solo queremos dar rienda suelta a nuestra soledad desbocada.
E inevitablemente recuerdo a la hermosa mujer que todos atesoramos en nuestro interior. La recuerdo con la clásica insistencia después de años de olvido, sepultadas las imágenes por rutina incansable de cemento y bullicio automotriz.
Metros más allá están mis compañeros de pesca, seguramente en algo parecido a lo mío, sosteniendo sus cañas con ideas ajenas a extraer algo vivo desde el mar.
Me invade una nostalgia violenta.
La garganta se anuda, algunas lagrimas se aglomeran en la sala de espera a la realidad.
Pero afortunadamente el trance lo supero sin pestañear, sin permitir que mi sal se mezcle con la que me regala el mar a manos llenas. Y lo supero además imaginando un lenguado o, mejor aún, una corvina que rauda persigue mi señuelo.
Entonces me concentro en la pesca, en mi objetivo de robarle vida al mar, pero ya tengo frente a mi la rapala inerte, plástica, sin signos de haber sido deseada por nada vivo dentro ni fuera de este hermoso océano pacífico.

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Sobre mí

Julio Satarsa es un empleado público que vive en la capital de Chile, Santiago, un decepcionado de la vida y las cosas, de la sociedad principalmente. Tiene su hogar bien formado, esposa y tres hijos, dos mujeres y un hombre. Satarsa es un hombre triste por naturaleza y se conforma con ver la vida pasar, intentando al máximo atesorar esas pequeñas cosas que componen el día a día, que considera las más valiosas y perdurables.

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